Voloshinov realiza una introducción acerca del estudio del lenguaje y su implicancia en el marxismo. En primer lugar, el autor establece la relevancia del signo y la ideología (Donde hay un signo, hay ideología) y su relación con la conciencia, la cual es un hecho ideológico y social, que comprende la ideología mediante el discurso interno cuyo elemento principal es la palabra, signo social que explica la conciencia mediante la comunicación social. Esto manifiesta que la existencia de la conciencia individual se da en lo externo, en lo social. Posteriormente el autor problematiza la causalidad-mecánica de la relación bases-superestructuras del marxismo, pues establece que la conciencia se da en una construcción social mediante el lenguaje, la comunicación social de un colectivo, por ende, enfatiza en la importancia del estudio de la filosofía del lenguaje. Para el autor existe una significación (lo que convierte a la palabra en lo que es) y un acento valorativo que se fundamentan en un dinamismo dialéctico del lenguaje a través de la comunicación social, dinamismo que se ve afectado en la ideología dominante.
La pregunta por la conciencia del ser humano empieza a vislumbrarse en los estudios que realiza el autor en torno al lenguaje y sus componentes, puesto que para él la conciencia se construye mediante el signo “creado en el proceso de comunicación social de un colectivo” (p.32), es decir, la conciencia se construye en un proceso de interacción social dado por el lenguaje.
Sin embargo, el autor habla de una conciencia individual ¿Por qué habla de lo individual si la conciencia es un hecho histórico y social?, se vislumbra un foco “interior” que habla de que la comprensión del fenómeno ideológico se lleva a cabo en el discurso interno cuyo elemento esencial, su “esqueleto” (p.55), es la palabra, la cual es un signo social (p.35) por ende, surge en la interacción social colectivo.
Esto quiere decir que el proceso de comprensión de los fenómenos sociales, la comprensión del propio signo interno (autocomprensión) y de la ideología social, se da en el interior, pero, al ser la palabra su componente central, se da a su vez en lo exterior, vislumbrando de esta forma la dependencia del signo interno y el signo externo en su existencia. Es por esto por lo que todo se reduce a los mecanismos de significación (lo que “convierte a la palabra en lo que es” p.51) que se dan entorno a la palabra y el acento valorativo en torno a su forma, ya que de ella la conciencia individual se conforma y a su vez es explicada por el medio ideológico-social.
En primer lugar, tenemos el acento valorativo que se relaciona “con los presupuestos socioeconómicos más importantes del grupo” (p.45) con lo cual mediante el acento valorativo se da un reconocimiento de la ideología dominante y al modelo socioeconómico, conjunto a sus relaciones sociales y la respuesta a cierto orden social imperante.
Por otro lado, tenemos que la significación que se da a la palabra, con lo cual se crean mecanismos de significación para lograr la estandarización de su significado. De aquí la idea del autor la palabra “es la arena de la lucha de clases” (p.47) puesto que existe una lucha por la significación de la palabra, ya que el lugar que ocupa la estabilidad del significado de la palabra comprende la victoria de esta lucha de intereses sociales.
Es por ello por lo que dentro de una ideología dominante el interés será estandarizar la significación de la palabra y su acento valorativo puesto que la palabra, al ser un signo social “refleja y refracta otra realidad” (p.26) que se presentará de una determinada manera según el interés de la clase dominante, la cual penetra de modo dialéctico (no mecánico) en la conciencia individual y la ideología social.
Por ende, se puede concluir que dentro de una ideología dominante la dialéctica (que fundamenta el dinamismo del lenguaje) se corrompe en la búsqueda de la estandarización de la significación de la palabra y su acento valorativo. Esto quiere decir que La clase dominante se sustenta en la creación de mecanismos de significación y acentos valorativos, los cuales impiden la mutabilidad propia del lenguaje con el fin de establecer, mediante la comunicación social, su propia realidad. Realidad que se refleja en la correlación de la conciencia individual y la ideología imperante.
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