Tenía 17 años, me pidieron hablar del tiempo.
Obviamente había que citar a Lihn.
Adorno y Horkheimer realizan una crítica a la autodestrucción del iluminismo la cual ha llevado a la sociedad a la barbarie, a la muerte de la humanidad. Esta crítica se basa en el modelo de organización científica el cual ha totalizado la realidad y dominado la naturaleza bajo un mismo sistema de producción. En el capítulo “La industrial cultural” se lleva la crítica al cómo se está configurando el arte mediante una “técnica”, la cual refiere a una racionalización que ha enmarcado los conceptos de ideología y verdad en un esquema de negocios y mercado, hegemonizando de esta forma no sólo la obra de arte, sino también el lenguaje al servicio de la industria cultural. De esta forma se presenta la problemática de la pseudo-libertad de la cual la industria cultural se alimenta haciendo que el hombre crea en la ilusión de la libre elección. Esta crítica se sustenta en las contradicciones que reflejan una problemática en cuanto a la salvación de este sistema imperante, puesto que al ser el sistema captador de las necesidades del hombre absorbe también sus diferencias y rebeldías.
La industria cultural se sirve de una representación de la verdad y de una ideología basadas en los negocios y el mercado, de las cuales tanto el arte como la libertad del hombre se sumergen en una dicotomía entre ser parte de esta verdad e ideología, conformándose de esta forma con la industria cultural, o desgarrar la totalización de la industria cultural, pero caer en el inevitable destino del aislamiento y el olvido.
El hecho de que la ideología de la industria cultural sean los negocios (p.33) problematiza el rol de salvación que tiene el arte en la totalización de la industria, puesto que no sólo se totaliza la técnica sino también su contenido y su pretensión. “La pretensión del arte es siempre ideológica” (p.30), por ende, si la industria cultural pone la ideología en la lógica de los negocios cae la pretensión y el contenido del arte en la totalización hegemónica de la industria cultural.
Esto es más complicado de lo que parece ya que “lo que se resiste ha sido registrado en sus diferencias por parte de la industria cultural, forma parte ya de ella” (p.30-31), es decir si la industria capta la diferencia en su esquema de negocios, vuelve esta rebelión en otra marca para su producción. Esto el lo que pasa con el Jazz estilo musical que se “burla de las trabas y al mismo tiempo las transforma en normas” (p.42).
Entonces ¿Es posible la salvación del arte? Para los autores esta pregunta tiene que ver con las necesidades de los hombres” Al adecuarse enteramente a la necesidad, la obra de arte defrauda por anticipado a los hombres respecto a la liberación que debería” puesto que de la necesidad se alimenta el negocio el arte tiene que desprenderse de la necesidad del hombre en la industria cultural. Esto conlleva al inevitable anonimato “La libertad respecto a los fines de la gran obra de arte moderna vive del anonimato del mercado” (p.44). El arte que pretende desgarrar la totalidad, el arte que se esfuma de lo útil, de la necesidad y de los negocios se sumerge en el olvido.
El problema en cuanto a la salvación del arte recae también en la salvación del individuo ante la industria cultural. Los autores relatan que “No por azar surgió el sistema de la industria cultural en los países liberales.” (p.31) Esto remite a que la industria cultural se alimenta de la idea de libertad que vende a sus consumidores, la ilusión de la libre elección que no hace más que someterse al esquema de producción, lo cual hace que el hombre este conforme permitiendo así la existencia de la industria y la imposibilidad de salvación.
Esta imposibilidad de salvación del individuo se asemeja a la del arte, si el individuo se conforma en la ilusión de la libertad es parte de la industria cultural, pero si este deja de ser parte se lo marginaliza “quien no se adapta resulta víctima de una impotencia espiritual del aislado.” (p.40) Cayendo en la misma suerte que el arte.
Dado este análisis se puede establecer que en el texto se proponen dos “vías” de salvación de la industria cultural. La primera en torno a la liberación del arte de la necesidad y utilidad del mercado y por otra parte en el aislamiento del sujeto. Se puede apreciar que en ambas tanto el individuo como el arte se apartan de la sociedad para no someterse a esta industria cultural, lo cual apunta a la pregunta de si el hombre puede no someterse a esta dominación, si el hombre puede “sobrevivir” en el aislamiento, o si el arte puede ser expresado en el olvido, puede ser expresado sin un otro.
Ante esto, la imposibilidad de salvación de la industria cultural recae en los conceptos de verdad e ideología que se enmarcan en la lógica de los negocios y hacen, tanto de la libertad del hombre como de la obra de arte, un mecanismo por el cual la industria cultural confirma su existencia.
Pucha que es difícil leer a este tipo.
Foucault realiza una revisión histórica para analizar las relaciones de poder-saber a lo largo de la historia y cómo estas se han manifestado en su materialidad y su fuerza en el uso político del cuerpo, o tecnología del cuerpo que ha ido transformándose desde el suplicio, en el cual el soberano revalidaba su poder, hasta la penalidad, donde el cuerpo aparentemente desaparece del castigo siendo el alma la protagonista que, sin embargo, instrumentaliza el uso del cuerpo, logrando que el cuerpo no desaparezca en su relación con el poder.
Posteriormente Foucault relata la sociedad disciplinaria caracterizada por una dominación de los cuerpos “dóciles”, los cuerpos pasan a ser parte de un mecanismo de poder cuyo efecto es la eficacia y la utilidad, enmarcados en un proceso de individualización en el cual “cada uno tiene su lugar”, cada cual está distribuido y en ello vigilado por un modelo “panóptico” el cual supone una permanente vigilancia que termina en la portación, del individuo disciplinario, del poder.
El poder para Foucault consistía en una “microfísica” en la cual los propios cuerpos correspondían su materialidad y su fuerza” (p.27), lo que confirma que el poder no se da sin un cuerpo. A su vez este poder esta inverso en un dualismo poder-saber puesto se implican directamente, por ende, el recorrido histórico de Foucault se desarrolla bajo las relaciones cuerpo-poder-saber “El cuerpo, al convertirse en blanco para nuevos mecanismos del poder, se ofrece a nuevas formas de saber” (p.143)
El primer periodo abordado es el suplicio, donde el castigo se sumerge en la muerte agónica, a la luz del día y con la figura del soberano, acto que reactivaba el poder. El soberano ejercía su fuerza en la manifestación pública de la muerte del cuerpo de aquel que ha violado la ley y ultrajado su poder. Ese acto manifestaba el saber mediante la ejecución del poder en el suplicio. El poder, el saber y el cuerpo estaban actuando en la ejecución del último.
Posteriormente en un recorrido histórico el suplicio va desapareciendo, el arte de las torturas se suprime, deja de existir el espectáculo del dolor y cambian los engranajes del castigo. Esto trae consigo que el poder-saber deje de revalidarse en el suplicio, el cuerpo, al dejar de ser el blanco de la represión penal, aparenta una desaparición del castigo y la relación poder-saber-cuerpo parece quebrantarse, pero ¿Dónde pues se revalida el poder-saber? ¿Realmente el cuerpo desaparece?
En esta nueva era de la sobriedad punitiva el proceso penitenciario establece sus penas como “incorpóreas” y empieza a juzgar al alma, lo que es el sujeto pasa a ser juzgado y el cuerpo parece no ser desprendido sino instrumentalizado por el alma “el alma es la prisión del cuerpo” (p.30) el alma “una pieza en el dominio que el poder ejerce sobre el cuerpo” (p.30) confirmando así la indispensabilidad del cuerpo en la revalidación del poder.
Este hilo histórico sobre las tecnologías del cuerpo llega a la sociedad disciplinaria la cual fabrica “cuerpos ‘dóciles’”. El cuerpo pasa a ser un mecanismo de poder, se funde en un esquema de control, de orden, tiempo, eficiencia y utilidad insertándolo en una relación de sujeción. Junto con ello la sociedad disciplinaria ha traído un proceso de distribución de los sujetos en el espacio, a cada cual le corresponde un lugar, un poder celular que articula nuevas formas de saber limitadas por el lugar al cual se me establece. El saber pasa entonces a homogeneizar a los sujetos dando parámetros de normalización a los cuales se sujetan sus lugares. Estos parámetros o localizaciones están controladas bajo vigilancia.
Esta vigilancia es crucial para la sociedad disciplinaria pues garantiza el funcionamiento del poder disciplinario, es su acompañante decisivo para garantizar la economía y la utilidad a la cual se ven inversos los cuerpos y las nuevas formas de saber. Esta vigilancia se manifiesta en la metáfora del panóptico: un estado permanente de vigilancia en la cual “los detenidos se hallan insertos en una situación de poder en la que ellos mismos son los portadores” (p.185) esto hace que el poder se internalice en los sujetos.
Ante esto la vigilancia de la sociedad disciplinada nos inserta en el poder, siendo la microfísica del poder encarnada en nosotros. Pero no es únicamente el poder el cual se internaliza sino, las tres dimensiones poder-saber-cuerpo pasan de una correlación a una encarnación en el individuo disciplinado. Ya no es el rey observando el suplicio, están en nosotros indefinidamente la revalidación del poder, el uso político del cuerpo y las nuevas formas de saber.
Voloshinov realiza una introducción acerca del estudio del lenguaje y su implicancia en el marxismo. En primer lugar, el autor establece la relevancia del signo y la ideología (Donde hay un signo, hay ideología) y su relación con la conciencia, la cual es un hecho ideológico y social, que comprende la ideología mediante el discurso interno cuyo elemento principal es la palabra, signo social que explica la conciencia mediante la comunicación social. Esto manifiesta que la existencia de la conciencia individual se da en lo externo, en lo social. Posteriormente el autor problematiza la causalidad-mecánica de la relación bases-superestructuras del marxismo, pues establece que la conciencia se da en una construcción social mediante el lenguaje, la comunicación social de un colectivo, por ende, enfatiza en la importancia del estudio de la filosofía del lenguaje. Para el autor existe una significación (lo que convierte a la palabra en lo que es) y un acento valorativo que se fundamentan en un dinamismo dialéctico del lenguaje a través de la comunicación social, dinamismo que se ve afectado en la ideología dominante.
La pregunta por la conciencia del ser humano empieza a vislumbrarse en los estudios que realiza el autor en torno al lenguaje y sus componentes, puesto que para él la conciencia se construye mediante el signo “creado en el proceso de comunicación social de un colectivo” (p.32), es decir, la conciencia se construye en un proceso de interacción social dado por el lenguaje.
Sin embargo, el autor habla de una conciencia individual ¿Por qué habla de lo individual si la conciencia es un hecho histórico y social?, se vislumbra un foco “interior” que habla de que la comprensión del fenómeno ideológico se lleva a cabo en el discurso interno cuyo elemento esencial, su “esqueleto” (p.55), es la palabra, la cual es un signo social (p.35) por ende, surge en la interacción social colectivo.
Esto quiere decir que el proceso de comprensión de los fenómenos sociales, la comprensión del propio signo interno (autocomprensión) y de la ideología social, se da en el interior, pero, al ser la palabra su componente central, se da a su vez en lo exterior, vislumbrando de esta forma la dependencia del signo interno y el signo externo en su existencia. Es por esto por lo que todo se reduce a los mecanismos de significación (lo que “convierte a la palabra en lo que es” p.51) que se dan entorno a la palabra y el acento valorativo en torno a su forma, ya que de ella la conciencia individual se conforma y a su vez es explicada por el medio ideológico-social.
En primer lugar, tenemos el acento valorativo que se relaciona “con los presupuestos socioeconómicos más importantes del grupo” (p.45) con lo cual mediante el acento valorativo se da un reconocimiento de la ideología dominante y al modelo socioeconómico, conjunto a sus relaciones sociales y la respuesta a cierto orden social imperante.
Por otro lado, tenemos que la significación que se da a la palabra, con lo cual se crean mecanismos de significación para lograr la estandarización de su significado. De aquí la idea del autor la palabra “es la arena de la lucha de clases” (p.47) puesto que existe una lucha por la significación de la palabra, ya que el lugar que ocupa la estabilidad del significado de la palabra comprende la victoria de esta lucha de intereses sociales.
Es por ello por lo que dentro de una ideología dominante el interés será estandarizar la significación de la palabra y su acento valorativo puesto que la palabra, al ser un signo social “refleja y refracta otra realidad” (p.26) que se presentará de una determinada manera según el interés de la clase dominante, la cual penetra de modo dialéctico (no mecánico) en la conciencia individual y la ideología social.
Por ende, se puede concluir que dentro de una ideología dominante la dialéctica (que fundamenta el dinamismo del lenguaje) se corrompe en la búsqueda de la estandarización de la significación de la palabra y su acento valorativo. Esto quiere decir que La clase dominante se sustenta en la creación de mecanismos de significación y acentos valorativos, los cuales impiden la mutabilidad propia del lenguaje con el fin de establecer, mediante la comunicación social, su propia realidad. Realidad que se refleja en la correlación de la conciencia individual y la ideología imperante.
Anoche mi mente te imaginaba durmiendo, adentrado en un sueño profundo, de esos que son oscuros, negros como nuestros párpados al despedir la luz... sueños que niegan el relato de nuestro yo más íntimo, pues nuestro inconsciente no se encuentra desesperado por darnos mensajes... Es decir, nada -o todo- te reprime esa noche. Así mis pensamientos te dibujan y eso me intriga: el teatro con lealtad, la máscara honesta, el silencio interpretable, el sueño sin contenido. Bueno, y así me dibujan a mi cuando pienso en ti... con los mismos pinceles, la misma tela y con la misma verdad que te atormenta a ti.
No hay razón en comprender lo que nos afecta, no se puede. Estamos interferidos por nuestra afectividad, si nos toca, nos mueve y si nos mueve no hay razón que lo comprenda.
"No tengo por qué estar de acuerdo con lo que pienso" o mejor dicho, escribo.
De alguna forma si uno es experto en teoría de psicología será un buen terapeuta, si alguno es experto en teoría teatral será un buen actor o si uno es experto en teología es un buen católico. Por más insensato que parezca, es la lógica del mundo actual, todo es construido desde la razón, que no es más que una traición, una imagen de lo real. Ese es el porqué no se solucionan los problemas de ética con clases sobre el ethos, que las personas no llegan a conocerse por saber sobre ellas mismas y que esto no es una pipa.
Mi madre tuvo una abuela que la cegó con los espejos. Esos espejos la introdujeron en la infinidad sin salida de un camino no guiado, se volvió ciega por miedo a ver. Yo heredé eso -que es lo mismo o peor- un puñal heredado. Heredado como todo en la historia. Cómo todo ciclo que no termina hasta que se hace consciente y se conflictúa en el acto.
-"La ceguera es una alusión a la perdida de la sabiduría"
Para Hernán:
Unas palabras que llegan a su destino antes de ser dedicadas.
Sus clases fueron el mejor viaje en paracaídas, matamos el lenguaje, dijimos que Kafka no fue libre, fuimos insoportables pero no leves, escuchamos el ruido del mar, pasamos de los molinos al fusilamiento de Macondo, del amarillo de Borges a la pieza propia de Woolf. Todo destruido y maravillosamente extraño. Nos reconocimos como débiles mentales.
Siempre voy a leer el capítulo que dejó en mi profesor. Fue mi mayor crítico, dejaré de gritar en el teatro y trataré de ser más honesta con mi máscara.
Gracias por su Legado, con L de Literatura.
Se despide Angélica -que más que un nombre, me recuerda cómo me llamo-.
Santiago envuélveme en tu mañana
Suaviza mis cansancios
Limpia mis lagañas
Quiero contemplarte despierta
Con los ojos bien abiertos
Viendo la belleza de tus calles
Ruidosas a cualquier hora
Con tu hueste pisando tus veredas
Ya sea en ruedas
O a pies
Todo en ti es vida
Desde las palomas
Hasta los rascacielos
Dime querida ciudad ¿cómo lo hago?
Quiero contemplarte despierta
Y ver en ti cada detalle
Detalles que las momias olvidan
Hazme detener mi tiempo
Para volverlo infinito unos instantes
Viendo como una nube irrumpe tu cielo
Una nube en ocasiones blanca
Otras inundada de smog
Pero sigue siendo parte de ti
¿Quién no tiene smog dentro de sí?
Pero no solo el humo nos conforma
Ni te conforma querida ciudad
Santiago envuélveme en tu mañana
Quiero contemplarte despierta
Hoy me pongo a escribir y tratar de establecer una suerte de certeza pero es imposible. Nadie tiene la táctica de la certeza absoluta y quien dice tenerla se ahoga en la ambición. ¿Cuál es la necesidad de la certeza absoluta? El miedo a perder el control, pero hay que perderlo para lograr la certeza, que no es más que incertidumbre.
No sabía si tus ojos eran de resfrío o pena. Había mucho ruido. Nunca pude distinguir bien lo que sentías y creo que yo tampoco podía distin...