Para Hernán:
Unas palabras que llegan a su destino antes de ser dedicadas.
Sus clases fueron el mejor viaje en paracaídas, matamos el lenguaje, dijimos que Kafka no fue libre, fuimos insoportables pero no leves, escuchamos el ruido del mar, pasamos de los molinos al fusilamiento de Macondo, del amarillo de Borges a la pieza propia de Woolf. Todo destruido y maravillosamente extraño. Nos reconocimos como débiles mentales.
Siempre voy a leer el capítulo que dejó en mi profesor. Fue mi mayor crítico, dejaré de gritar en el teatro y trataré de ser más honesta con mi máscara.
Gracias por su Legado, con L de Literatura.
Se despide Angélica -que más que un nombre, me recuerda cómo me llamo-.

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