miércoles, 15 de enero de 2025

“La Dialéctica del iluminismo”

Adorno y Horkheimer realizan una crítica a la autodestrucción del iluminismo la cual ha llevado a la sociedad a la barbarie, a la muerte de la humanidad. Esta crítica se basa en el modelo de organización científica el cual ha totalizado la realidad y dominado la naturaleza bajo un mismo sistema de producción. En el capítulo “La industrial cultural” se lleva la crítica al cómo se está configurando el arte mediante una “técnica”, la cual refiere a una racionalización que ha enmarcado los conceptos de ideología y verdad en un esquema de negocios y mercado, hegemonizando de esta forma no sólo la obra de arte, sino también el lenguaje al servicio de la industria cultural. De esta forma se presenta la problemática de la pseudo-libertad de la cual la industria cultural se alimenta haciendo que el hombre crea en la ilusión de la libre elección. Esta crítica se sustenta en las contradicciones que reflejan una problemática en cuanto a la salvación de este sistema imperante, puesto que al ser el sistema captador de las necesidades del hombre absorbe también sus diferencias y rebeldías.  

La industria cultural se sirve de una representación de la verdad y de una ideología basadas en los negocios y el mercado, de las cuales tanto el arte como la libertad del hombre se sumergen en una dicotomía entre ser parte de esta verdad e ideología, conformándose de esta forma con la industria cultural, o desgarrar la totalización de la industria cultural, pero caer en el inevitable destino del aislamiento y el olvido.

El hecho de que la ideología de la industria cultural sean los negocios (p.33) problematiza el rol de salvación que tiene el arte en la totalización de la industria, puesto que no sólo se totaliza la técnica sino también su contenido y su pretensión. “La pretensión del arte es siempre ideológica” (p.30), por ende, si la industria cultural pone la ideología en la lógica de los negocios cae la pretensión y el contenido del arte en la totalización hegemónica de la industria cultural.

Esto es más complicado de lo que parece ya que “lo que se resiste ha sido registrado en sus diferencias por parte de la industria cultural, forma parte ya de ella” (p.30-31), es decir si la industria capta la diferencia en su esquema de negocios, vuelve esta rebelión en otra marca para su producción. Esto el lo que pasa con el Jazz estilo musical que se “burla de las trabas y al mismo tiempo las transforma en normas” (p.42).

Entonces ¿Es posible la salvación del arte? Para los autores esta pregunta tiene que ver con las necesidades de los hombres” Al adecuarse enteramente a la necesidad, la obra de arte defrauda por anticipado a los hombres respecto a la liberación que debería” puesto que de la necesidad se alimenta el negocio el arte tiene que desprenderse de la necesidad del hombre en la industria cultural. Esto conlleva al inevitable anonimato “La libertad respecto a los fines de la gran obra de arte moderna vive del anonimato del mercado” (p.44). El arte que pretende desgarrar la totalidad, el arte que se esfuma de lo útil, de la necesidad y de los negocios se sumerge en el olvido.

El problema en cuanto a la salvación del arte recae también en la salvación del individuo ante la industria cultural. Los autores relatan que “No por azar surgió el sistema de la industria cultural en los países liberales.” (p.31) Esto remite a que la industria cultural se alimenta de la idea de libertad que vende a sus consumidores, la ilusión de la libre elección que no hace más que someterse al esquema de producción, lo cual hace que el hombre este conforme permitiendo así la existencia de la industria y la imposibilidad de salvación.

Esta imposibilidad de salvación del individuo se asemeja a la del arte, si el individuo se conforma en la ilusión de la libertad es parte de la industria cultural, pero si este deja de ser parte se lo marginaliza “quien no se adapta resulta víctima de una impotencia espiritual del aislado.” (p.40) Cayendo en la misma suerte que el arte.

Dado este análisis se puede establecer que en el texto se proponen dos “vías” de salvación de la industria cultural. La primera en torno a la liberación del arte de la necesidad y utilidad del mercado y por otra parte en el aislamiento del sujeto. Se puede apreciar que en ambas tanto el individuo como el arte se apartan de la sociedad para no someterse a esta industria cultural, lo cual apunta a la pregunta de si el hombre puede no someterse a esta dominación, si el hombre puede “sobrevivir” en el aislamiento, o si el arte puede ser expresado en el olvido, puede ser expresado sin un otro.

Ante esto, la imposibilidad de salvación de la industria cultural recae en los conceptos de verdad e ideología que se enmarcan en la lógica de los negocios y hacen, tanto de la libertad del hombre como de la obra de arte, un mecanismo por el cual la industria cultural confirma su existencia.


Pucha que es difícil leer a este tipo.


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