La capacidad de expresión que tiene el lenguaje cuando se vuelve silencio en el corte, en el grito, en el llanto, el gemido o el orgasmo. En un momento la escritura deja de comunicar y pasa a ser la interrupción lo que lo dice todo. Suena paradójico, pero existen límites en la capacidad de manifestación del lenguaje, con lo cual surge la interrogante del momento de este límite ¿Cuándo la suspensión del lenguaje revela el sentido?. El lenguaje tiene límites. Nacimos con una estructura, con un lenguaje determinado en el cual tenemos que expresarnos y comunicarnos con los otros. Sin embargo, surge la duda cuando queremos expresar lo propio, pues no podemos hablar de lo propio desde lo impropio del lenguaje. En esta parada surgen intentos de salida a aquel límite que vemos en el lenguaje a la hora de develar y significar lo más propio: lo real. En esta línea surge un intento por interpretar lo que quiso decir Lacan en una conferencia en los 70 al decir “El lenguaje no sirve”.
Existe una forzosidad en el lenguaje al encasillar en palabras ya creadas lo más auténtico, una forzosidad a expresarse de cierta manera, con ciertos parámetros lingüísticos, que impiden salir de la jaula que es el lenguaje de aquel que intenta construir su propio significado de expresión.
Cuando Kafka cortaba su escritura, cuando sentía que ya no era el papel ni la pluma la continuidad de su ser, se producía un corte que lo decía todo, había un paréntesis de interrupción que liberaban a Kafka de las palabras y expresaban su ser más propio a través de puntos suspensivos. Cuando se grita en vez de evocar palabras, cuando Huidobro mata el lenguaje en Altazor, cuando Lacan cortaba sus sesiones a los 5 minutos...se da el significante más propio, se liberan de las palabras.
Podemos pensar que ni Kafka ni Lacan querían comunicar, el fin de ellos no era el fin del lenguaje, su fin era revelar lo más propio, expresarse, dar el significado real, develar algo escondido.
En este contexto, se requiere establecer conciencia en cuanto al rol del analista, pues este trabaja y “cura” con las palabras, por un lado, en lo que él habla y por otro lado en percatarse en qué momento el paciente deja de hablar con palabras y trasmite desde un corte que revela o devela el sentido. Será el corte lo que nos aproxime a descifrar al paciente. La palabra no basta. Quizás sea una emoción que se detone, un movimiento, un llanto, una risa, un juego, un enojo, una angustia, un grito o un silencio…
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